La Caravana Misionera con dirección a Rio de Janeiro a encontrarme con millones de jóvenes con la misma ilusión de seguir al representante de Dios en la Tierra, el Papa Francisco, ha sido una de las experiencias más bonitas de mi vida.

Debo reconocer que en un principio no sabía si de verdad debía afrontar el reto y si era digna de llevarlo, puesto que no me sentía lo suficientemente preparada tanto espiritual como físicamente, pues el decir que viajaría con otros 50 jóvenes, 6000 kilómetros por tierra, pasando por Perú, Bolivia, Argentina hasta llegar a Brasil, llevando el testimonio de Dios, sonaba fácil, pero el hecho no lo era tanto; sin embargo, fue sorprendente como Dios me fue encaminado, para estar preparada poniéndome en situaciones que reafirmaban mi decisión para emprender el viaje.

Cabe mencionar que desde que llegué a Perú, siendo este el primer lugar que visitábamos, sentí que me encontraba como si estuviera en casa, todos los chicos “caravaneros” que apenas conocía, actuaban como si nos conociéramos desde hacía tiempo atrás, pues el ambiente era muy cálido, existiendo una gran hermandad, porque todos íbamos con la idea firme de ir en nombre del Señor a alabarle en ese trayecto, llevando su testimonio.

Ahora recuerdo esos momentos y me da demasiada emoción, me siento privilegiada al haber convivido con unos chavos tan estupendos, ya que es un gusto saber que existen personas que son capaces de dejar a un lado las comodidades en las que viven, para pasar todo lo contrario en lugares lejanos, hasta llegar al extremo de dormir en la calle, pasando frio y cansancio, ofreciéndole a Dios todo eso que significaba un sacrificio, siendo digno de admiración y respeto.

Siento que ahora no soy la misma, hay una diferencia entre Hilda de antes y después de la Caravana, Dios dejó que viviera esta experiencia de una forma muy especial y única, que solamente quienes la vivimos podemos saber la dimensión a la que me refiero y espero de todo corazón que toda esta vivencia nos sirva para seguir en el camino de Dios, llevando su palabra, siendo discípulos de Él, que está alegría, está juventud nunca se termine y contagiemos a todos los que nos rodean.

Sólo Dios sabe porque nos juntó en este camino, que a pesar de que somos de lugares muy lejanos entre sí, tenemos en común ese gran amor a Dios y a los demás; deseo de todo corazón que esto no se termine aquí y que sigamos creciendo en Dios para ser mejores cada día.

Dios nuestro Señor, nos ha dado muchos frutos a través de esta Caravana, y estoy muy feliz por haber sido parte de la misma y por haber conocido a todos los chicos que formaron parte de ella, porque ahora tengo otros ¡¡¡50 AMIGOS!!! está era nuestra misión y la cumplimos, sigamos pues en marcha, nunca nos rindamos pues Dios está con nosotros siempre bendiciéndonos.

¡Déjanos tu comentario!

Jóvenes Misioneros del Santo Padre ©2015 | Home | Joomla 3 Templates Joomlaskins