Siguiendo las recomendaciones del Documento Conclusivo de Aparecida (2007) de nuestros obispos en la 5ta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe hemos decidido formarnos como jóvenes discípulos y misioneros para llevar a Dios a otros jóvenes.
Los Jóvenes Misioneros del Santo Padre encontrarán en su proceso de formación varios módulos que incluyen tres áreas: espiritual, intelectual y misionera. Aquí introducimos estas áreas:
Seguimos a Alguien, a una Persona, a Cristo mismo y nuestra misión es hacerlo conocer al mundo, especialmente a otros jóvenes, a los que queremos contarles de la gran experiencia que es conocer a Dios, anunciarlo y servirle. Para los JMSP es fundamental animar a los jóvenes a tener una vida de oración donde se aprovechen los tesoros de las tradiciones sagradas de la Iglesia Católica. Promovemos la oración personal entendida como la fuente de un verdadero encuentro personal con Cristo.
Nos formamos en la vida sacramental pues sabemos que es en los sacramentos donde recibimos el alimento para nuestra vida cristiana como jóvenes. Especialmente nos formamos para poder vivir el Sacramento Eucarístico como el centro de nuestras vidas, como nos enseña Nuestra Iglesia.
“Los sacramentos, como fuerzas que brotan del Cuerpo de Cristo siempre vivo y vivificante, y como acciones del Espíritu Santo que actúa en su Cuerpo que es la Iglesia, son las obras maestras de Dios en la nueva y eterna Alianza” (Catecismo de la Iglesia Católica, no. 1116).
Está dividida en seis (6) partes y es la que le da los títulos a cada módulo, estos son:
Dado que los Jóvenes Misioneros del Santo Padre deben anunciar a Jesucristo vivo en la Iglesia por medio del impulso del Espíritu en todos los aspectos de sus vidas, formamos en cada uno de nosotros un testimonio de vida sólido que manifieste coherencia con la fe y la moral de la Iglesia, el amor por la misión y el celo por la salvación de las almas. Estos aspectos se desenvuelven en una vida que manifieste la presencia de Cristo por medio de la caridad, el servicio, la disciplina, la valentía y el liderazgo.
La formación misionera nos da a los jóvenes herramientas que nos permiten impactar en los diversos ámbitos de la sociedad contemporánea, tales como el desarrollo de habilidades para hablar en público, el uso de la tecnología al servicio del anuncio del Evangelio, despertando en nosotros la creatividad artística de todo tipo y expresar a través de ella “la experiencia y los valores que constituyen la propia identidad y misión cristiana en el mundo” (Aparecida, no. 279).
La formación de los Jóvenes Misioneros del Santo Padre comienza con el estudio de la vida del Sumo Pontífice en su dimensión más sencilla, cercana y humana, con el fin que como jóvenes logremos un acercamiento personal a la figura del Papa como ser humano “común y corriente” que ha decidido seguir a Cristo y a Su Iglesia.
Estas actividades están abiertas a la inspiración y creatividad de los diferentes líderes de cada país.